Un cuento de Gustavo Roldán




-¡CLARO QUE VOY A PELEAR!

-NO, DON PIOJO, USTED NO PUEDE PELEAR CON EL PUMA.

-¿QUÉ NO PUEDO? ¿POR QUÉ?

-ES UNA PELEA DESPAREJA.

-IGUAL VOY A PELEAR. Y YA MISMO.

EL PIOJO Y EL PUMA SE ENFRENTARON. LOS PIOJOS DE LOS DOS ECHABAN CHISPAS, DISPUESTOS PARA UNA PELEA A MUERTE.




LOS DEMÁS ANIMALES LOS RODEABAN EN SILENCIO. YA HABÍAN INTENTADO TODAS LAS FORMAS DE PARARLOS, PERO NO HABÍA CASO.

EL PUMA MOSTRÓ LOS DIENTES. TODOS LOS DIENTES. Y LOS ANIMALES DIERON UN LARGO PASO PARA ATRÁS.

EL PUMA RUGIÓ Y LARGÓ UN ZARPAZO QUE HIZO VOLAR AL PIOJO Y LO ESTRELLÓ CONTRA UN QUEBRACHO. EL PIOJO SE ENDEREZÓ Y ATROPELLÓ. OTRO ZARPAZO DEL PUMA Y EL PIOJO QUEDÓ COLGADO EN LO MÁS ALTO DE UN ALGARROBO.

-¡BUENO, BASTA! –DIJO EL SAPO-. ¡YA ESTÁ BIEN!



-¡NADA DE BASTA! –GRITÓ EL SAPO BAJANDO A LOS SALTOS DE RAMA EN RAMA-.
¡NADA DE BASTA!

Y SALTÓ DESDE EL ARBOL A LA OREJA DEL PUMA Y SE PRENDIÓ COMO GARRAPATA, DISPUESTO A CHUPARLE HASTA LA ÚLTIMA GOTA DE SANGRE.

EL PUMA RUGIÓ Y SE PEGÓ UN TREMENDO MANOTAZO EN LA OREJA PARA APLASTAR AHÍ MISMO AL PIOJO. PERO EL PIOJO YA NO ESTABA. HABÍA SALTADO A LA OTRA OREJA Y LO MORDÍA DESESPERADAMENTE. OTRO MANOTAZO DEL PUMA Y EL PIOJO CASI APRENDE A VOLAR.

-¿Y SI TERMINAMOS LA PELEA? –DIJO EL ELEFANTE DANDO UN PASO ADELANTE.

-¡ATRÁS TODOS! –GRITÓ EL PIOJO-. ¡NADA DE TERMINAR LA PELEA! –Y ATROPELLÓ A MANOTAZOS AL AIRE.

EL PUMA RETROCEDIÓ SORPRENDIDO. NO HABÍA PENSADO QUE ESE BICHITO PUDIERA PELEAR CON TANTA FURIA.
HABIA QUERIDO DIVERTIRSE UN POCO, PERO JAMÁS SE LE OCURRIÓ QUE EL PIOJO FUERA CAPAZ DE LLEVAR LAS COSAS TAN LEJOS.

-¡VAMOS, PELEE!- GRITÓ EL PIOJO ATROPELLADO.

OTRO MANOTAZO DEL PUMA Y EL PIOJO FUE A CAER ARRIBA DEL ELEFANTE, AHÍ REBOTÓ Y CAYÓ SOBRE EL LOMO DEL TAPIR.

-¡LO VA A MATAR! –DIJO EL OSO HORMIGUERO.

-¡LO VA A DESTROZAR CON SUS GARRAS! –DIJO EL COATÍ.

-¡LO VA A MORDER CON SUS ENORMES COLMILLOS! –DIJO LA IGUANA.

-¡NO PODEMOS DEJAR QUE SIGAN! –DIJO EL SAPO.

-¡TENEMOS QUE HACER ALGO! –DIJO EL QUIRQUINCHO.

-¡POR FAVOR, DON ELEFANTE, USTED PUEDE PARARLOS, HAGA ALGO! –PIDIÓ LA COTORRITA VERDE.

-BUENO BUENO –DIJO EL ELEFANTE PONIÉNDOSE EN MEDIO
DEL PIOJO Y EL PUMA-. ¡SE ACABÓ LA PELEA!



EL PUMA DIO UN PASO PARA ATRÁS Y DIJO:

-POR MÍ, LA TERMINAMOS. Y LES CUENTO QUE FUE LA MEJOR PELEA QUE TUVE EN MI VIDA. LO FELICITO, DON PIOJO, ESTUVE MAL Y PIDO DISCULPAS.

-ACEPTO SUS DISCULPAS, Y TAMBIÉN ACEPTO QUE ME ESTABA GANANDO. DEBO ADMITIR QUE USTED ES MÁS FUERTE QUE YO.

LOS ANIMALES HABLARON TODOS JUNTOS Y SE PREGUNTARON MUCHAS COSAS. EN ESPECIAL SE PREGUNTARON POR QUÉ HABÍA EMPEZADO ESA PELEA TAN FEROZ. PERO NINGUNO SABÍA

DESPUÉS SE FUERON, CADA CUAL POR SU LADO. EL ELEFANTE, EL COATÍ, EL SAPO Y EL PIOJO SE QUEDARON CHARLANDO.



-DON PIOJO –PREGUNTÓ EL SAPO-, ¿POR QUÉ COMENZÓ TODO ESTE LÍO? ¿SE DA CUENTA EN LO QUE SE METIÓ?

-FUE DEMASIADO PELIGROSO –DIJO EL COATÍ-. EL PUMA ES UN ANIMAL FEROZ. ME HIZO TEMBLAR TODO EL TIEMPO.

-NO SE PREOCUPE AMIGO COATÍ, YO TEMBLABA MÁS TODAVÍA –DIJO EL PIOJO ¿POR QUÉ SE PELEARON? –PREGUNTO EL ELEFANTE.

-PORQUE CASI ME PISA. PASÓ SIN MIRAR Y CASI PISA.
Y CUANDO YO GRITÉ ME MOSTRÓ TODOS ESOS DIENTES QUE TIENE Y ENCIMA ME INSULTÓ Y ME PISÓ LA SOMBRA.

-¡LO INSULTÓ! –DIJO EL SAPO-. ¡LE PISO LA SOMBRA! ¿QUÉ LE DIJO?

-EN REALIDAD NADA. PERO ME MIRO COMO SI ME INSULTARA. Y MOVIO LA PATA Y CASI ME PISA OTRA VEZ. Y DE NUEVO ME PISO LA SOMBRA. ENTONCES ME ENOJÉ Y LO DESAFIÉ A PELEAR.

-PERO, DON PIOJO –DIJO EL ELEFANTE-, UN PIOJO NO PUEDE PELEAR CON UN PUMA.

-YA SÉ QUE NO, PERO LAS COSAS TIENEN SUS LÍMITES. Y CREO QUE SE ESTABA PASANDO DE LA RAYA. ¿SABE, DON ELEFANTE?, A VECES LOS BICHOS CHICOS TENEMOS QUE DEFENDER A MUERTE LA DIGNIDAD. SI NO RESISTIMOS, SI NO DEFENDEMOS LA DIGNIDAD, ENTONCES SI QUE ESTAMOS LISTOS.
Y UN BUEN PIOJO NO PUEDE PERMITIR QUE LE PISEN LA SOMBRA.

EL ELEFANTE Y EL SAPO SE MIRARON Y DIERON UN PASO PARA ATRÁS CON TODO DISIMULO. NO VAYA A SER QUE POR AHÍ, SIN DARSE CUENTA, PUSIERAN LA PATA ENCIMA DE LA SOMBRA DEL PIOJO.

FIN


GUSTAVO ROLDÁN



SELECCIÓN Y TIPEO:
BERENICE TEJADA RODRÍGUEZ
CORONEL DORREGO, JUNIO 2010


Autobiografía:
"Aspiro a escribir textos donde la cantidad de años que tenga el lector no sea más que un accidente como el verano o la lluvia o el frío."


Me crié en el monte chaqueño, en Fortín Lavalle, cerca del Bermejo, cuando la tierra era plana, la luna se posaba en las copas de los árboles y los cuentos sólo existían alrededor del fogón del asado o en las ruedas del mate.

Después se inventaron los libros. O tal vez antes, pero yo no lo sabía. Solamente sabía muchos cuentos, de ésos que después me enteré que se llamaban populares, que iban pasando de boca en boca y de oreja en oreja. Cuentos del zorro, del tigre, del quirquincho, de Pedro Urdemales, de pícaros y mentirosos, del lobizón y de la luz mala. Claro que esos cuentos nunca eran del todo cuentos, habían sucedido por ahí nomás, en medio del monte, y eran cosas que nadie ponía en duda. Yo tampoco.

Cuando menos lo esperaba me llegó la hora de ir a la escuela y nos fuimos al pueblo.

En los pueblos el tiempo pasa lleno de ocupaciones importantes: se está rodeado de amigos para jugar a las bolitas, remontar barriletes, hacer bailar trompos, jugar a la pelota, andar en bicicleta. Todo eso mientras se van secando las bolitas de barro para la honda. ¿Para la honda? Sí, para la honda. Después el mundo se va agrandando cuando uno conoce los parques de diversiones, el cine y el circo, cosas que el monte suele no tener. Y un día uno pasa por la librería Molina, en Sáenz Peña, y encuentra que hay estantes infinitos llenos de libros, no de ésos de aprender a leer, sino de cuentos y más cuentos y más cuentos.

Y si don Molina lo deja a uno hurgar los estantes, sacar y poner, leer solapas y contratapas, ojear y hojear, sentado en el suelo tras el mostrador, uno comienza a descubrir que por ahí está escondido un mundo más grande y más lleno de maravillas de lo que nadie podía imaginar. No era todo tan fácil, había cada cosa aburrida que ni te cuento. Pero con un poco de suerte y bastante de paciencia aparecían aventuras increíbles, selvas llenas de animales salvajes y mares llenos de piratas, de los buenos y de los malos, con los que navegué corriendo mil peligros. Por suerte con Simbad o con Sandokán siempre logramos salvarnos y triunfar. Nosotros estábamos del lado de los buenos. Gracias, don Molina.

Mi relación con la literatura es continua y amigable. Sobre todo la de lector. Con la escritura a veces nos peleamos, pero eso también forma parte de las buenas relaciones. Aspiro a escribir textos donde la cantidad de años que tenga el lector no sea más que un accidente como el verano o la lluvia o el frío, como eran esos cuentos que relataban los domadores alrededor del fogón, cuando el fuego siempre estaba unido a la palabra.

Creo que los chicos entienden todo y quieren saber de todo. Desconfiar de su capacidad es desconfiar de la inteligencia, de la sensibilidad del otro. Y desconfiar de la capacidad de la palabra es, en última instancia, desconfiar de nosotros mismos. Podemos desconfiar de nosotros mismos pero, si jugamos en serio, las palabras siempre van a alcanzar. Sobre todo lo que hay detrás de las palabras.

Una repetida frase dice que antes los chicos eran grandes lectores. Hoy no. Y la culpa la tiene la televisión. Ojalá fuera así. Habría soluciones mucho más a mano. En este mundo de mercado y capitalismo salvaje que busca destruir las más elementales formas de la solidaridad, que pone los modelos más perversos de mezquindad como formas naturales de la convivencia, la televisión no es sino una herramienta apta para implantar su ideología. Creo que no debemos enojarnos con las herramientas.

¿Que si el libro va a desaparecer? Obviamente no. Esa idea es un invento de los mismos que sostienen la muerte de las ideologías.

Entre idas y vueltas, siempre vuelvo a Huckleberry Finn, Sandokán, todo Jack London, las 1001 noches, La isla del tesoro. Porque esos libros me ayudaron a crecer, a imaginar, a pelear contra los perversos y contra el miedo, a defender la dignidad, a resistir, a volar. Porque me dijeron, antes de que aprendiera nada de política, que era posible cambiar el mundo. Cualquiera que aprenda a volar puede resistir.

Creo que la literatura para chicos es literatura. O debería ser. Los chicos tienen que leer cualquier cosa que se les cruce en el camino, y decidir por su cuenta si les interesa o no, y cambiar o pedir más. Cada uno, solo, y a pesar de las ayudas, irá encontrando el camino de su crecimiento, porque esto también es un problema de soledad. Llevarlos siempre de la mano puede ser demorar etapas o saltearlas de manera arbitraria. Acompañarlos, sí, pero dejando abiertas las puertas para experiencias personales, dejándolas abiertas para ir a jugar.






Gustavo Roldán


Fotos:Nicolás Foong

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Para presumir
Bibliopeque participó en el concurso Premios 20Blogs 2010 y 2011 (España), en la Categoría Cultura y Tendencias.

Resultados oficiales:
Premios 20Blogs 2010: Finalista (5to. Puesto)
Premios 20Blogs 2011: Finalista (4to. Puesto)
El dibujo lo hizo Eduardo Omar Campilongo - CEO
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